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miércoles, 23 de enero de 2013

De una cama vacía al amanecer

(no como fue, si no como lo contaron)
"Que mejor pretexto para una noche de insomnio que tus pechos sudorosos bailando al ritmo que propone mi impertinente cadera loca de deseo." O.S.

Me llamas por entre la bruma de la valentía de una noche loca de alcohol,
me voy acercando despreocupado y sin nada que perder, ya todo está perdido.
Te miro acercarte, con esa sonrisa que anticipaba siempre una buena noche,
me cuentas de tu vida, de un fracaso amoroso tras otro, de la triste soledad.


Después de invitarme a unas copa, me seduces con la idea de buenos recuerdos,
con lejanos días en que nuestros sueños se cruzaban después de hacer amor,
con esas tantas noches en que nos quedábamos desnudos hablando por horas,
con lejanos paisajes que quizá nunca existieron, no logro recordarlo en realidad.

No es la primera vez que unas cuantas copas de más empañan de sudor mi cama,
ni es esta la primera noche que entretengo a mi sensato cerebro con claro alcohol.
Reconozco bien tus artimañas, realmente son trucos baratos de putas descaradas,
aún así, sigo tu treta con algo de inquietud y quizá alguna pizca de interés genuino.


Me guías por el camino tantas veces caminado, sigo bien los pasos que te enseñe,
levemente caen las prendas, sin sorpresa, mas como un monótono cuento torpe,
como ese que entretiene al niño al seguir con la mente su trama y no por el final.
Transcurre la madrugada, dejando en el camino el escudo del fermento blancuzco.


Por fin la noche termina tal y como empezó, rodeada de mentiras mal pensadas.
Y como cada mañana al pasar el fervor que me inyecta sin piedad el claro alcohol,
me veo cambiando en mi mente recuerdos mal planeados por promesas y negación
saboreando el sinsabor de la derrota,  de perder en el juego que yo mismo inventé.