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sábado, 2 de julio de 2011

Llévame a casa


Por favor sombra clara de cada noche perpetua, no me dejes llorar mas, mis lagrimas se han secado ya meses atrás. Te lo juro por quién te ha enviado, que sollozar no puedo más, muchas veces lo he intentado por amor, desprecio, rencor o dolor, pero nada, sigo cayendo en este maldito abismo de perenne soledad. Toma mi mano… levántame por amor o lástima, llévame a casa, no quiero sufrir más, toma estas notas de amarga desazón, quémalas, son mi historia de fracaso y lucidez. Ya no quiero estar cuerdo, y no quiero la sobriedad. Prefiero huir en un mundo de alcohol blanco y locura premeditada, paisajes de soledad compartida donde estoy feliz sin saber porque. Sé que fui feliz, lo he visto en mis fotos, tuve sonrisas, lágrimas de buena gana, mírame, ese que reía… fui yo. ¿En qué momento perdí la esperanza? ¿En qué momento deje la sonrisa? ¿Cuándo tus pasos me convirtieron en lo que pensabas de mí? Llévame a mi hogar, llévame a esa canción que me detiene cuando quiero llorar, esos momentos que se detienen en mi alma, que me deleitan con suaves murmullos al oído y me dicen lo que sé pero no quiero creer, soy mejor que esto, que ella, que él, que toda esa relación infame, sin sentido, que nunca existió. Ven, limpia de esta habitación el moho maldito que deja la humedad de las lágrimas no correspondidas, de los sollozos despreciados y burlados por la maldita mente sin corazón de una desgraciada princesa de un cuento sin final feliz, una pequeña cenicienta que vive feliz en su mundo de minimalismo de limitaciones consientes. Llévame a casa amiga, devuelve la sonrisa a esta cara sin expresión que de tanto fruncir el seño ha olvidado la alegría de una carcajada que no te deja respirar. Llévate este corazón que puse en venta pero por falta de uso nadie lo ha querido. Déjatelo, ¿de qué me sirve si no se cómo usarlo? ¿Para qué quiero sueños que se acaban al despertar? Se bien que no es malo construir castillos en el cielo, lo malo es no construir la escalera que nos ayude a bajar cuando es necesario. Llévame alborada a aquellos años felices de mi juventud, cuando todo era un juego en tu regazo, cuando en tus horas de oscuridad planeábamos no crecer, seguir mintiendo, apostando, enamorando, riendo… no habia necesidad de buscar la felicidad, porque ella se las arreglaba para encontrarnos. Acá estoy, ¿me vez? Acá donde la vida pasa de largo y los amores son oscuros, donde nadie busca un amor platónico sino una aventura, una pasión nocturna, inmadura e insensata.