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lunes, 24 de enero de 2011

Odio...


Odio el olor del perfume en tu cuerpo al despertar,
tu esencia delirante en mi conciencia enloquecida.
Odio tu cabello perfecto descansando en mi hombro,
ese negro infinito en la profundidad de tu almohada.

Odio el océano fuliginoso encerrado en tus ojos infinitos,
el mundo que perpetras desde el abismo de tu mirada.
Odio los lenguajes fantásticos que dibujas al parpadear,
las extrañas palabras mudas que murmuras sin hablar.

Odio el murmullo carmín de tus labios rondando mi mente,
la perpetúa canción de tu voz llamándome desde adentro.
Odio la explosión de tu risa quebrando nuestro silencio,
la música perfecta que ahuyenta los augurios de lluvia.

Odio la imagen borrosa de tu cuerpo desnudo en mi espejo,
perfecta silueta que camina a mi alrededor al despertar.
Odio la maravilla cadenciosa de tu andar despreocupado,
el laberinto acogedor de tus caderas bailando sin ataduras.

Odio las docenas de canciones que te retratan perfectamente,
ritmos y liricas que traen tu rostro nítido a mi vaso vacio.
Odio el sabor de tu dulce piel en mi ron ahora recurrente,
Copas llenas de recuerdos claros que no he podido vaciar.

Odio todo lo que me diste sin la decencia de advertirme,
recuerdos aun no vividos, cuentos lucidos que no existen.
Odio tus respuestas que no responden mis torpes preguntas,
odio el espacio que quedo entre tu historia y mi recuerdo.