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jueves, 15 de abril de 2010

Un cuento inconcluso! ocupo ideas

La vi de reojo acomodándose el cabello frente un espejo grande y azul, yo recién me había quedado dormido, pensando como de costumbre en ella para volver a encontrarla. Siempre era como la primera vez, me era un poco difícil reconocerla, pero después de unos minutos me acostumbraba a su luz, a su figura perfecta en un cuarto sin tiempo. Cuando entreabría los ojos siempre sentía el impulso de preguntarle quien era, siempre bajo la mirada cautelosa de sus ojos infinitos, pero me reprimía, en realidad no importaba mucho como llego allí, solo que allí estaba.

Ella se levanto, camino hacia la ventana, la abrió y dejo entrar todo el día de golpe mientras me preguntaba: « ¿te has acordado ya, o vas a necesitar ayuda?» con cierto aire de risa burlona. «No, ya me ubique, creo que es porque siempre llegas antes que mi, por eso es más fácil para ti, ¡no te burles!». Entonces pude verla a través de su camisón, le examine como un pícaro jovenzuelo que fisgonea por un pequeño agujero en la pared a aquella que había sido su compañera de juegos. Y entonces recordé por un momento la primera noche en que la encontré, desorientada en ese mismo cuarto, sola, y llena de un sudor que helaba toda la habitación, recordé cuando la abracé y le prometí seguir soñando con esa habitación por el resto de mis noches, así ella no estaría sola nunca más, y hasta ahora le he cumplido con ciertas excepciones que estaban fuera de mi control.

Algunas veces, ella no podía dormir en toda la noche, yo le esperaba en la habitación, dando vueltas, fumando un habano, tomando ron blanco, pero ella no llegaba y yo terminaba por despertar. Otras veces era yo quien no acudía a la cita por la falta de sueño que me causaba la tribulación de mi trabajo, y ella se sentía tan sola como la primera noche, esperándome y llamándome por entre los muros. Algunas veces, soñábamos con habitaciones diferentes, tratando de recordar personas nuevas, extrañas, perdidas, enfermas, locas, pero nada. Otras tantas ocasiones nos encontrábamos en una habitación diferente, con cosas que nunca habían sido nuestras, que no tenían nada que ver con nuestro pasado, y nos gastábamos nuestro poco tiempo creando un lugar agradable para dejarnos llevar por nuestro amor ilusorio.

Ella camino hacia la cama, se había dado cuenta de mi mirada, con sus mejillas ruborizadas me lanzó una mirada picara mientras decía, «me gustas mas cuando duermes después del trabajo, cuando apenas tienes tiempo de besar a su esposa antes de llegar a mí, porque te siento más amoroso» y soltó una de esas carcajadas que por mucho días después del primer encuentro, escuche en todo lado sin saber de dónde la recordaba. Se sentó a mi lado, me miro con ese amor de colegiala y lanzó la pregunta que por primera vez quemaba su boca, y mis oídos, « ¿crees que algún día nos reconoceremos?, ¿crees que algún día me miraras por la calle y sabrás mi nombre?». «¿Sabes que no tengo esa respuesta, verdad?» murmuré, «pero espero con todo mi corazón que si, espero llamarte, mirarte a los ojos y saber sin ninguna duda que eres la chica de mis sueños, la que me espera siempre que no puedo dormir, la que busco desesperadamente cuando en un ataque de celos su esposo le despierta soberbiamente ebrio despegándola de mis brazos porque loca en el éxtasis de la noche pronuncia mi nombre a su lado» le dije al oído, «y te tomare del brazo, diciendo tu nombre, y te llevare para no dejarte nunca más», y ella con vos visiblemente conmovida acertó, «si, así será, y yo me iré contigo sin mirar atrás»